— enelajo

Metropolis

Mucha gente me para por la calle y me pregunta: “Juan, cuéntanos como ves el futuro del marketing, pero háblanos en términos de macrotendencias”.  Yo, de natural discreto en el uso del lenguaje por mi ascendencia castellano leonesa, tengo que contar hasta diez antes de enumerar y comentar los que, a mi juicio, son los fenómenos a los que conviene estar atento si un director creativo no quiere perder su empleo, aka sorpresas que trae el futuro. Este post es la primera entrega:

Primera sorpresa: El público se las sabe todas, y en lo que te afecta, sabe de marketing mucho más de lo que crees.

Puede que tu madre no sepa lo que hace un director de arte pero seguro que entiende que cuando en un envase lee “20% gratis” no es que le estén dando nada gratis, sino que el comerciante sólo ha bajado un poco el precio en relación al anterior y usa la palabra gratis porque sigue pensando que sigue ejerciendo un poder irresistible en la mayoría de la gente. También sabe que Scarlett Johanson no viste a diario de Mango y que hay un contrato (igual hasta sabe la pasta que se lleva Scarlett) que la vincula con la marca. Tu padre puede que no sepa de qué se habla en una reunión de preproducción pero seguro que sabe distinguir entre el compromiso genuino de una empresa con el medioambiente y el uso del tema para aumentar las ventas.

El público ya no sólo valora lo que ve, cada vez más juzga la estrategia que hay detrás y tiende a mejorar su consideración de las marcas que planteen estrategias honestas y transparentes y está aprendiendo a detectar cuando los planteamientos de marca son reales o una elaboración ficticia.

Este proceso ha empezado hace tiempo, sigue avanzando ahora y se acelerará en el futuro debido a varios factores: al uso y abuso que se ha hecho de determinados recursos fáciles por parte de las marcas; porque el nivel de educación de la sociedad sigue mejorando; porque se va desarrollando un nuevo movimiento consumerista basado en el conocimiento y en la exigencia de determinados niveles de calidad y servicio más que en el simple rechazo de todo lo comercial; porque la gente está comprendiendo que el verdadero recurso escaso es el tiempo (y no tanto  el dinero) y porque la publicidad está en el centro de los focos de atención de todas las nuevas herramientas sociales donde las estrategias, y no sólo las ejecuciones, se comentan y critican.

Ya sabes, si eres un director de marketing, creativo o similar y tienes que plantear una estrategia, más te vale imaginarte el público al que va dirigida como alguien con quién te sentarías a comentarla antes que como alguien que aceptará cualquier cosa sin más.

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Desde que escribí el post sobre mi sistema creativo (que no es un sistema sino un método), mucha gente me para por la calle y me pide que amplíe información, que cuente, por ejemplo, qué herramientas uso.

Hablaré de estas herramientas dedicando un post a cada una de las etapas de mi particular método creativo. Aquí algunas de las herramientas que uso últimamente como extensión de mi corta memoria y para organizar mi vida:

Una cámara de fotos: antes llevaba siempre una Ricoh GR pero ahora llevo sólo el iPhone. Me obsesiona un poco llevar encima la mínima cantidad de cosas posible. La uso para fotografiar todo aquello que me llama la atención, aunque no sepa muy bien por qué.

Evernote: una idea genial en forma de aplicación de escritorio, para iPhone y para iPad. Cajones de fotos, notas de voz, capturas de Internet… El libro de notas definitivo: todo ordenadito y disponible.

Mindo: aplicación iPad para crear mapas mentales que uso para organizar ideas complejas o, incluso, para tomar notas.

Penultimate: es la aplicación para el iPad que uso para tomar notas en reuniones con clientes cuando quiero reforzar el atributo “innovador” de mi marca. Si lo combino con este lápiz Griffin el impacto es definitivo.

Si (como haría yo) habéis interrumpido la lectura de este post y ya estáis buscando y probando las aplicaciones que cito, os vais a perder lo más importante: a la hora de haceros con vuestra colección de herramientas recordad que el uso continuado de la herramienta que elijáis determinará, de algún modo, la forma en que pensáis y, por lo tanto, el tipo de ideas que seáis capaces de producir.

Esto lo digo yo y lo dice, con detalles y ejemplos, Nicholas Carr en Superficiales.

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A través de Enrique Dans, como tantas otras cosas interesantes, me llega este video que no debéis dejar de ver y compartir. Creo que todo lo que se dice es aplicable a todas las falsas democracias que padecemos y que debería servir para indignaros.

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He leído esta frase y  se me ha ocurrido que si tuviera que resumir la profunda crisis de la publicidad no se me ocurriría una sentencia mejor.  Si acaso no se entiende el paralelismo, basta cambiar “gente en el poder” por “marcas”.

Os dejo la charla completa por si queréis seguir jugando:

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Mucha gente me para por la calle y me pregunta: Juan ¿cuál es tu proceso creativo? Y yo, que siempre estoy a favor de mantener una alegre charla en la calle con desconocidos, les cuento algo así:

Mi proceso creativo no es en realidad un proceso, en tanto que no puedo separarlo ni considerarlo fuera del conjunto de cosas y acciones que componen mi vida. Pero tampoco es algo vago e indefinido. Es un sistema. Como vivo de esto, tener un sistema me ayuda a dormir tranquilo sin la incertidumbre de si me visitará la musa o no. Mi sistema se compone de varios componentes:

Vivir lo más intensamente que puedo. Esto para mi significa dedicar cada vez más tiempo a las cosas que me gustan. Como soy un tipo de natural curioso, las cosas que me gustan abarcan desde la lectura de libros sobre criminología, volar la sierra madrileña con el autor de Radar Contact, viajar el ancho mundo, ver buenas series, navegar… Todo esto deja un buen poso de notas, fotos, contactos y recuerdos, un rico sustrato para lo que viene después.

Otro componente importante es el estudio del brief (si voy con tiempo, me puedo pasar un buen rato explicando que entiendo el brief más que como un proceso que como un documento).

Luego viene el olvido del brief para que no agarrote el músculo de las ideas.

Otro componente son los momentos en los que, por determinadas razones que alguna vez explicará la ciencia, tengo mucha más probabilidad de hacer asociaciones originales y útiles para mi trabajo. En mi caso sucede en la ducha, mientras conduzco (las carreteras estrechas y con curvas funcionan mejor) y hacer deporte (funciona mejor el ejercicio aeróbico y estoy probando con el golf).

El último componente es peloteo de ideas con mi equipo (¡¡cada uno de los cuales tiene su propio proceso creativo!!). Un proceso muchas veces largo y doloroso, pero fundamental para depurar las propuestas.

A estas alturas de la charla, la gente que me para y me pregunta por la calle suele haber cogido ya el último autobús a casa y se pierde la recomendación de un libro fantástico (¡con ilustraciones!), en el que se describen los procesos creativos de otros que se dedican a lo mismo que yo: The Creative Process Illustrated: How Advertising’s Big Ideas Are Born

The Creative Process Illustrated

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Muchas veces la gente de la profesión me para por la calle y me pide que recomiende libros para iniciarse en marketing digital. Vertiente creativa se entiende.

Aunque puedo ser muy prolijo, os voy a dejar aquí la respuesta que doy cuando voy mal de tiempo:

No leas libros sobre marketing digital y con lo que te ahorras pásate a vivir digitalmente (si tengo que contarte qué significa esto o si tienes reparos a la hora de vivir digitalmente, es mejor que te dediques a otra cosa). Si te hace falta, toma notas de todas tus experiencias o cuéntalas en un blog. Como ya sabes de marketing no te costará mucho inferir el uso que las marcas pueden hacer de todo esto.

Cuando lleves un par de años viviendo digitalmente (lo siento, no hay atajos), ahora sí, baja a la librería (o entra en tu tienda de libros electrónicos) y compra algún clásico para ayudarte a poner las cosas en su sitio. Te recomiendo dos:

- Confesiones de un publicitario, de Ogilvy.

- On brands, de Olins.

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Moisés

Ya no sé cuantas veces he recomendado la lectura de este post. Desde hace años, buena parte de mi trabajo es comprobar que cada pieza que sale de mi mesa use alguno de estos motivos para compartir, que Dans ha traducido y comentado amablemente:

  • Compartir esta idea me hace sentir generoso, desinteresado.
  • Me siento inteligente, “listillo”, hago gala de “estar bien informado”.
  • La idea me interesa y quiero tomar parte activa en que triunfe, en que se extienda.
  • No tengo elección, cuando uso tu producto, extiendo la idea quiera o no (la manzanita luminosa de Apple, la firma de los correos de Yahoo! o Hotmail…)
  • Obtengo un beneficio económico directo (programas de afiliación, etc.)
  • Es divertido, es gracioso,  recurre al humor.
  • Quiero sentirme acompañado, compartir provoca una respuesta y evidencia el hecho de que no estoy solo.
  • Estoy indignado y quiero que otros se sumen a mi indignación.
  • Nos beneficiamos económicamente tanto yo como aquellos con quienes lo comparto (modelo Groupon y afines).
  • Alguien que conozco o con quien me siento implicado me lo pide directamente.
  • Puedo usarlo para unir a diferentes personas y construir comunidad.
  • Economías de escala, tu servicio – que yo ya utilizo – funcionará mejor para mí si mucha gente lo usa.
  • Tu idea me permite expresar algo que yo tengo dificultad para expresar o explicar directamente.
  • Me permite ayudar a alguien que me importa o interesa.
  • Es mi trabajo (social media managers, etc.)
  • Me gusta lo que haces y es mi manera de pagarte por ello.
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    Anuncio de placebo

    El efecto placebo es la mejora de uno o varios síntomas mediante la administración de una sustancia inocua, pero con aspecto de no serlo (a veces basta con una simple imposición de manos). El principal problema con los placebos es que funcionan. Funcionan como un placebo pero funcionan. Y digo que es el principal problema porque esa mejora de los síntomas hace que los enfermos puedan despreciar el uso de terapias más eficaces que el placebo, en la creencia de que ya se está haciendo suficiente.

    El segundo gran problema de los placebos es que tienen un efecto consistente y medible. Esto los hace más creíbles como terapia porque resisten los análisis superficiales de su eficacia.

    Estas dos características de los placebos, además de ser la base de la enorme y muy rentable industria de la homeopatía y otras medicinas alternativas (producir placebo es realmente barato, te ahorras el principio activo) tienen que ver con algunos aspectos de la publicidad.

    Vienen curvas.

    Propongo una reformulación de la famosa frase de John Wannamaker “sé que la mitad de mi presupuesto en publicidad va a la basura; lo malo es que no sé de que mitad se trata” aprovechando el ingenioso paralelismo que he establecido entre el efecto placebo y la publicidad: “sé que una parte de mi presupuesto va a publicidad placebo pero debo determinar de qué parte se trata”.

    Buena parte de la publicidad tiene la misma eficacia que un placebo. La simple exposición del público objetivo a la marca, sea cual sea el mensaje asociado a ella, puede hacer subir las ventas un poco durante un tiempo, pero es posible que nunca sepamos por qué y estaremos perdiendo la oportunidad de hacer cosas realmente eficaces. Los técnicos de marketing y los publicitarios son las víctimas habituales de esta variante del efecto placebo. Podemos irnos a casa con la tranquilidad del trabajo bien hecho después de repasar las cifras que muestran como la exposición a nuestros ingeniosos mensajes aumenta las ventas. Hasta puede que notemos que cambiando de placebo se modifique la tasa de variación de las ventas (o cualquier otro índice) haciendo pensar que se está en control de la situación (volviendo a la medicina: es un hecho conocido que píldoras de colores tienen más efecto placebo que pastillas blancas y que placebos inyectados son lo mejor de lo mejor).

    Este efecto placebo publicitario afecta por igual a técnicos de marketing y publicitarios porque podemos llegar a pensar que estamos de verdad haciendo algo cuando lo que estamos haciendo es marear la perdiz. Si quieres de verdad aumentar las ventas y ganar cuota de mercado, tienes que tener un principio activo. Eso en publicidad tiene muchos nombres y será objeto de otros posts.

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    Visto en struktur.

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    si no has rodado ya un spot, un capítulo o un video clip con una cámara fotográfica (y si no has escuchado a los Cinnamon Chasers).

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